martes, 26 de noviembre de 2013

ensimismamiento y perspectiva


Los estudios de la economía de la conducta hacen referencia en muchas ocasiones a esos momentos de nuestra vida en los que sabemos que nos estamos comportando mal pero incidimos: procastinaciones, efectos de poderosas emociones que nos nublan la mente, adicciones, vagancias, planes no realizados, y un largo etcétera.
Por otra parte tenemos el concepto de racionalidad limitada: se suele entender como una miopía y una capacidad insuficiente para el cálculo. Muchas veces se la relaciona con la incertidumbre y es posible que haya una relación entre ambas pero su naturaleza es heterogénea. Las limitaciones de las que habla Simon muchas veces es posible superarlas o paliarlas (heurísticas apropiadas, instituciones coordinadoras, especialización y división del trabajo). Las formas en las que nuestras capacidades son suplidas generan una dependencia de la pauta, una especificidad debido a que las herramientas usadas durante mucho tiempo se convierten un poco en una extensión de nuestro cuerpo. La incertidumbre de aquello que pueda sucedernos depende en parte de quienes somos, quién hemos devenido. Poder ver lo que se acerca es una capacidad que ha de ser trabajada y toda heurística, regla, o actividad institucional, o especialización requieren un de un trabajo especializador, de adaptación a un entorno. Esa especialización lleva consigo una ambivalencia característica de la racionalidad limitada: trabajar sobre ella capacita e incapacita al mismo tiempo.
¿Como saber si estamos haciendo lo correcto si tantas veces nos subsumimos en nuestros quehaceres y ocupaciones? A veces es bueno sentirse extraño, ajeno, descolocada la perspectiva. Deberíamos prestar más atención, fijarnos no sólo los errores sistemáticos en los que caemos y de los que somos conscientes; deberíamos considerar esos otros en los que el hábito nos impide cambiar de rumbo y la falta de perspectiva percibir la falta.

martes, 5 de noviembre de 2013

La Excepción de Abilio a la Ley de la Demanda

Hace unos días he discutido en twitter sobre ideología, economía y ciencia con José Luis Ferreira. No salí muy bien parado dado que mi ilustre oponente me dejó en la estacada supongo que debido a lo peregrino de mis argumentos. 
La discusión fue propiciada por mí. Compartí un enlace en el que Eric Schliesser hacía referencia a la ideología implícita (creencias tácitas) que acompañan muchos de los trabajos considerados como más científicos en Economía. En concreto creo que había un párrafo clave:
As a discipline econonomics is also not insensitive to empirical evidence. But it does not  follow that it is not ideological. Our very hard-nosed, data-driven contemporary economics is in a very bad position to explore alternative regimes with dramatically different institutions/norms. For example, one need not be a Marxist or an Austrian economist, to recognize that such explorations may well be useful in light of the fact that, say, the working of contemporary central banks clearly favor the interests of the (existing) financial services community. Maybe one day computer simulations of such alternative possible arrangements will find a central home in the discipline. But it is hard to see how one could make those simulations properly empirical.  An inability to even think or explore alternative institutional arrangements is an instance of being ideological. Economists are like engineers who take many of the most important constraints for granted. That's okay, of course, for many purposes. But if one's science becomes the dominant way in which social reality is interpreted then this is engineering quality is a limitation.
La respuesta de @JL_Ferr fue que el análisis de Eric es pobre y que de hecho no define "ideología". Acto seguido me explicó José Luis cómo en Economía existían métodos que garantizaban su seriedad, como la revisión de los resultados presentados por parte de terceros, el método científico, etc. Me señaló también cómo era necesario que indicase alguna alternativa a la Economía convencional. Yo señalé que era necesario mayor realismo en Economía, presupuestos sobre la conducta que tengan en cuenta aquello que dice la Psicología (la Economía Conductual) y la explicitación de los marcos normativos. Respecto de lo primero JLF dijo que como alternativa, siendo prometedora, todavía no lo era. Respecto de lo segundo señaló a La Ley de la Demanda, preguntándome por el marco normativo de dicha ley. Existen experimentos de economistas en los que es posible como la Ley de la Demanda se cumple incluso con ratas, (incluyendo experimentos sobre la la primera de las excepciones ala ley, existencia de bienes Giffen), es tan universal que no ha sido descubierta por los economistas; ya en la antigüedad era sabido que de algo que cuesta más lo lógico es consumir menos. En esa ley se encapsula uno de los principios económicos que sirven para construir el edificio teórico de la ciencia económica... léase, el principio de escasez. Los recursos, el tiempo y las capacidades de las que disponemos, son escasos. Si el coste del disfrute de alguna de esas dimensiones aumenta, siendo racionales, debemos economizar su uso. Si el precio de las fresas se incrementa ceteris paribus consumiremos menos fresas y nuestra preferencia por frutas dulces se manifestará en forma de claudias o albaricoques. Si el coste del tiempo es mayor disminuiremos el tiempo de ocio (su disfrute) y dedicaremos más tiempo a trabajar (el coste de oportunidad es lo que aquí se mide). Por último si resulta más costoso incrementar nuestras capacidades dedicaremos menos tiempo a entrenarnos y más tiempo al sofá. Implacable.
Suelen señalarse dos excepciones a la Ley de la Demanda, la primera la considero legítima y la segunda ilegítima. La primera dice que con bienes Giffen un incremento de su precio incrementa la demanda de esos bienes. El ejemplo que se suele poner es el consumo de patatas en la crisis del hambre irlandesa del siglo XIX. Cuando un bien de primera necesidad incrementa su precio la disminución de renta resultante hace que le dediques una proporción mayor tal de tu renta que tu consumo de ese bien se incrementa. Esto es debido a que cuando el precio de esa clase de bienes se incrementa tienes que dejar de consumir otros que ahora te resultan inaccesibles. (el incremento del precio de la patata hace que no puedas consumir jamón y sólo consumas patata). 
La segunda excepción que suele ponerse es la de los bienes de lujo y de especulación: el incremento de su precio hace que sean más demandados. Pero en este caso lo que sucede es que un bien que tenía una naturaleza (no era de lujo o no se especulaba con él) pasa a serlo y de ahí el incremento de su demanda, por lo que no considero que pueda considerarse como una excepción a la Ley de la Demanda.
También está la Excepción de Abilio, que se me ha ocurrido esta mañana mientras me preparaba el café y que también es conocida desde la Antigüedad pese a que no me consta que haya sido formulada en términos económicos como una excepción a la Ley de la Demanda. 
Y dice: "cuando el objeto de la demanda constituye una deuda para su poseedor existe un punto de la misma en el que un incremento en el precio incrementa la propia demanda". En la Antigüedad era conocida como "de perdidos al río"y en está basada en los resultados experimentales de Kahneman & Tversky que dan lugar a la formulación de la Prospect Theory. No sé si esta excepción se cumple también con ratas pero siempre he pensado que algo que se puede demostrar para las ratas (como los experimentos sobre la Zero Intelligence), siendo valioso, nos dice muy poco sobre la naturaleza humana.
Sobre lo que me preguntaba José Luis al respecto, esto es, la explicitación de los marcos normativos de la ley de la demanda en su momento contesté, un poco a lo loco, como toda discusión mantenida en Twitter, que había que explicitar la relación de la demanda con las preferencias, lo procesos deliberativos y el poder. Ayer mientras iba a la biblioteca pensaba también sobre la Ley de Say y sobre cómo no es posible entender adecuadamente aquello que es la demanda si no pensamos un poquito sobre otra de las leyes más antiguas de la ciencia económica.